La tercera semana de este abril de 2021 ha visto nacer y morir el proyecto de superliga de fútbol. Un proyecto que ha sido el ejemplo más impresionante que yo recuerdo de mala comunicación y que ha puesto a los aficionados al fútbol en Europa en la tesitura de si querían ser lacayos de los caciques de la UEFA o lacayos de los presidentes de los grandes clubes. Los aficionados han elegido lo malo conocido.
Desde algunos púlpitos
se ha vendido la falacia de que el proyecto suponía la modernización de la
competición, con mayor reparto de beneficios para todos y la han comparado con
la NBA, para muchos la mejor competición del mundo. Me ha parecido interesante
aprovechar esta circunstancia para mostrar las diferencias, y además, dar
visibilidad al modelo de la NBA. Así que quien quiera tomar nota, que la tome,
porque es un ejemplo en el que fijarse, y quien quiera manipular, lo tenga un
poco más difícil.
Lo primero que
hay que explicar es que la NBA (National Basketball Association) está compuesta
por franquicias y que su competición es una liga cerrada, no hay ascensos ni
descensos a ningún sitio. No son clubes con una estructura de cantera y de
socios que eligen a un presidente. Son negocios particulares, con un dueño, que
tiene un permiso para disputar una competición asociada a una marca. La marca
NBA. El objetivo de esos dueños es ganar dinero, aunque, lógicamente, con unos
buenos resultados deportivos es más fácil ganar dinero. Y cada franquicia tiene
un valor en función de sus activos, siendo el principal la pertenencia a la NBA.
Se puede dar la circunstancia de que la venta de una franquicia suponga el
cambio de ubicación. Los actuales New Orleans Pelicans fueron fundados en 1988
como Charlotte Hornets y trasladados por su dueño a New Orleans en 2002. El año
2020 vio como Gail Miller, la dueña legendaria de los Utah Jazz, los vendió a
Ryan Smith un empresario local de Salt Lake City.
La segunda gran diferencia es el límite salarial. La NBA pone un tope a la masa salarial de los jugadores. Este año ronda los 110 millones de dólares. Esta cifra se puede sobrepasar pagando una multa que se incrementa con los años. Si alguien alberga cualquier tipo de suspicacia respecto a los tramposos, es bueno dejar el dato que, aunque hay franquicias que pueden hacer un esfuerzo puntual un año en el que ven la posibilidad del anillo cerca, casi nadie se sale del límite salarial dos años seguidos, y la multa de tercer año saltándose el límite salarial es tan inasumible que nadie ha llegado hasta ese precipicio. Se da la circunstancia curiosa de que, en la conferencia este, la plantilla más cara y la más barata están dentro de la misma ciudad: Nueva York. Los Nets, que han hecho una apuesta al título con Harden, Durant e Irving se han ido hasta los 169 millones y en la acera de enfrente, los Knicks, la franquicia más valorada de la NBA con un valor estimado de 5.000 millones de dólares, ha optado por la contención y tiene una plantilla con un coste de 96 millones, con la que, además, está haciendo este año un gran papel este año. Una diferencia del 76%
| El mítico Madison Square Garden, sede de los Knicks |
La gran
diferencia con el fair play financiero del que se habla en la liga española, es
que el límite salarial es el mismo para los Lakers y para los Timberwolves,
mientras que el fair play va en función de los ingresos, por lo que nos
encontramos con que el coste de la plantilla del Real Madrid ronda (lo de la
transparencia ya lo trataremos…) los 473 millones de € y el Elche, el menor
coste salarial, está en los 34 millones. Los salarios de la plantilla del
Madrid son trece veces los de la plantilla del Elche. En la misma liga.
La tercera pata
del modelo de negocio es el draft que es un sistema de reparto de jugadores con
la intención de igualar la liga. Los Jugadores jóvenes se forman en ligas entre
colegios y después pasan a la liga universitaria. Cuando termina su formación
universitaria se ordenan en una lista del supuesto mejor al supuesto peor y las
franquicias los eligen en el draft, teniendo preferencia aquellos equipos que
hayan quedado peor clasificados en la temporada anterior. Además, esos equipos
disponen de herramientas contractuales para retener a ese jugador durante 5 o 7
años, de forma que puedan construir un proyecto en torno a él. En 2020 el mejor
jugador, Anthony Edwards fue elegido por los Minnesota Timberwolves, penúltimo
en la liga ese año.
La marca National
Basketball Association gestiona el marketing y la mayor parte de los recursos
de la competición (merchandising o derechos de televisión), hasta el punto de que
las camisetas son todas de la misma marca (este año creo que es Nike), y reparte
esos beneficios de manera equitativa entre las franquicias. Las franquicias
disponen de ingresos extraordinarios como las entradas, derechos de
televisiones locales o pequeña publicidad, al margen de la liga, aunque ésta
también cobra un porcentaje de esos ingresos. Todos los contratos están
publicados, se sabe al céntimo cuánto cobra cada jugador y cuando supone cada
fichaje. Incluso las marcas publican los contratos de patrocinio de los
jugadores. Lo mismito que en España.
![]() |
| Stephen Curry |
Y sobre todo, hay
una diferencia fundamental: del “business is business” de los americanos frente
al “yo soy de mi equipo a muerte” de los europeos. Con la mentalidad americana,
tú puedes ser de un equipo, pero al mismo tiempo puedes pensar que una liga
competitiva es mucho más atractiva. Y mientras surgen competiciones intentando realmente
emular el modelo NBA (el super rugby del hemisferio Sur, por ejemplo), en
Europa antes de que llegara la Superliga de fútbol, ya teníamos el sucedáneo de
la Euroliga de baloncesto, que ha condenado a la indiferencia más
absoluta a la ya antes moribunda ACB. Tristemente Europa repite una vez más el
modelo de quedarse a medias, ni chicha ni limoná. Ni plantea un proyecto propio
ni es capaz de implantar el genuino.
| Franquicias del Super Rugby |
Así que, ya
sabéis: La NBA no tiene nada que ver con nada de lo que hay por estos lares. ¡Ya
nos gustaría!
